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miércoles, 9 de marzo de 2016

Mons. Lugones convocó a promover los grupos de Reflexión Evangélica Domiciliaria


Mons. Lugones convocó a promover los grupos de Reflexión Evangélica Domiciliaria
Miercoles 9 Mar 2016 | 12:00 pm
Lomas de Zamora (Buenos Aires) (AICA): Con motivo del comienzo del año lectivo, el obispo de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones SJ, se reunió el 7 de marzo con los representantes legales, directivos y coordinadores de pastoral de los colegios de la diócesis, a quienes alentó a promover en esos establecimientos educativos los grupos de Reflexión Evangélica Domiciliaria (RED). El prelado lomense hizo también una reflexión sobre el Año de la Misericordia, el próximo Congreso Eucarístico Nacional y la misión.

 Con motivo del comienzo del año lectivo, el obispo de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones SJ, se reunió el 7 de marzo con los representantes legales, directivos y coordinadores de pastoral de los colegios de la diócesis, a quienes alentó a promover en esos establecimientos educativos los grupos de Reflexión Evangélica Domiciliaria (RED).
 En la reunión en la catedral Nuestra Señora de la Paz, convocada por la Junta Regional de Educación Católica (Jurec), el prelado lomense hizo una reflexión sobre el Año de la Misericordia, el próximo Congreso Eucarístico Nacional y la misión.
 “Damos gracias a Dios por poder comenzar un nuevo año lectivo, que el Espíritu Santo nos ilumine en todo lo que hemos planificado”, expresó el obispo en la misa de cierre y agregó: “Que seamos sembradores de esperanza y canales de gracia”.
 Monseñor Lugones explicó que ese “lanzarse hacia delante” al que convoca el papa Francisco, debe entenderse en el sentido de “enviado”, como discípulos y discípulas para la misión, e invitó a alertar en este sentido para los colegios los grupos RED, de Reflexión Evangélica Domiciliaria.
 “Podemos pensar que hoy a los jóvenes ‘todo lo que pasa por la imagen’, les interesa, pero el joven también necesita de este encuentro personal con la reflexión entre otros jóvenes teniendo como centro la Palabra de vida que es el evangelio, esto es la ‘Reflexión evangélica domiciliaria’, y hemos constatado que es una gracia y una constancia para reunirse con la Palabra. Por eso los exhortamos a animarse, a salir y reunirse en torno a la Palabra, allí en el domicilio, en la plaza, en la esquina”, destacó.
 El prelado reconoció que “es cierto que es una misión difícil, donde hay muchos excluidos, y a los cuales tenemos que llegar” y advirtió que estos “excluidos” pueden ser “carenciados, no solo materialmente, sino de otras carencias”.
 “Que la Virgen de la Paz, mujer por excelencia, nos anime a salir con nuestros adolescentes y jóvenes a los que están más lejos, más solos, más abandonados, mas sordos, más ciegos por los flashes de lo inmediato, que deslumbran pero no alumbran”, rogó.
 En tanto, el presbítero Gabriel Coon, director general de la Jurec, anunció la creación de una escuela de formación de futuros representes legales y la realización de un nuevo Congreso Diocesano de Educación, que este año se llevará a cabo en dos jornadas (la primera, el 16 de abril).+

 Desgrabación de las palabras del obispo
Encuentro con representes legales, directivos y coordinadores de pastoral 
Desgrabación de la reflexión de monseñor Jorge Lugones SJ, obispo de Lomas de Zamora, en el encuentro con representantes legales, directivos y coordinadores de pastoral (8 de marzo de 2016) 

 La reflexión de este encuentro estará centrada en hitos importantes: el “Año de la Misericordia”, el Congreso Eucarístico Nacional, conmemorando el bicentenario de la Independencia Argentina, y la misión, ya que somos discípulos y discípulas para la misión, para desear con alegría anunciar a Jesús y su Palabra de vida. 
 El Año de la Misericordia nos encuentra muchas veces en un mundo sin misericordia, que no contempla las relaciones humanas como un acto de amor realmente, sino que las entiende de un modo contemporizador, o sea, poder más o menos llevarse bien con todos, cuidar mi “puestito”, pasar sin muchas preocupaciones por el sufrimiento de otros, sin que me quiten nada a mí, ni arriesgar demasiado. 
 Ante esto, que es una “globalización de la indiferencia”, como diría el Papa, en el “Año de la Misericordia” debemos apostar por abrir el corazón y dejarnos perdonar, porque al dejarnos perdonar podemos ejercitar la misericordia, concretamente en obras de misericordia. 
 El papa en la Bula “Misericordiae Vultus”, “El rostro misericordioso del Padre”, visto en Jesús, visible en Jesucristo, este rostro que a veces lo visibilizamos de una manera cruenta en forma de pasión en los más pobres, los excluidos, o no incluidos y a la vez no integrados, porque algunos que están incluidos no están integrados socialmente. 
 El “Año de la Misericordia” es un año de gracia para que abramos el corazón al amor de Dios, no es una frase hecha, es sentirnos amados por Dios, porque el que no se siente amado es difícil que pueda amar; y nosotros tenemos heridas de la vida, de la historia personal, ojalá que no solamente sean cicatrices, sino como Jesús, que esas cicatrices se puedan ir transfigurando, como las llagas del Señor que aparece resucitado, pero con las manos heridas y el corazón abierto: abierto por haber amado y haberse dejado amar, y esto es esencial en nuestra vida de docentes para poder brindarnos, para servir con generosidad. Por eso el Papa decía que podamos pasar de la “globalización de la indiferencia” a la “globalización de la solidaridad”, que no es solo un gesto sino una actitud de vida. Como he visto gestos muy lindos de solidaridad en los colegios, una solidaridad activa podría decir, este es el sentido del solidum, el que sostiene un peso, fuertemente, el que puede llevar un peso con otros, el que se hace cirineo del otro, el que se anima a llevar la cruz del otro. Alguno puede decir: ¿quién me ayuda a llevar la mía? Jesús. 
 Congreso Eucarístico Nacional. Jesús Eucaristía como centro de nuestras vidas, la Eucaristía es capaz de transformar, sanar y liberar; cada vez que contemplamos a Jesús en la Eucaristía, o nos acercamos al sagrario, si lo hacemos con un corazón abierto, salimos de algún modo, transformados, y con capacidad para transformar. Jesús es capaz de sanar, por eso cuando nos acercamos a adorarlo, podemos decir: “Jesús, sé que me estás sanando”, o si lo recibimos en la comunión: “Jesús sé que me estás sanando”, y esa sanación interior es real, paulatina, constante y progresiva. Y es liberadora. La pregunta, entonces, es: ¿de qué me tiene que liberar la Eucaristía? ¿De qué egoísmo, esclavitud, vicio, atadura? 
 La misión. Desde la gracia de la misericordia y la gratuidad que nos regala este “Año de la Misericordia”, la bondad de la Eucaristía nos anima a ser discípulos y discípulas para la misión. 
 Dice Evangelii Gaudium : “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado. 
 Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor»[1]. Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores». ¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia. Aquel que nos invitó a perdonar «setenta veces siete» (Mt 18,22) nos da ejemplo: Él perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría. No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!” (Nº. 2 y 3). 
 Este “lanzarse hacia delante”, lo entendemos en el sentido de “enviado”, como discípulos y discípulas para la misión, alentamos por esto para los colegios los grupos “Red”: “Reflexión evangélica domiciliaria”. 
 Vengo remarcando que el número de la parábola de la oveja perdida (Lc. 15) ha cambiado: en el corral hay una, y 99 afuera, y a esas 99 tenemos que ir nosotros, que pueden ser los papás de los chicos o los jóvenes. Podemos pensar que hoy para los jóvenes es “todo lo que pasa por la imagen”, le interesa, pero el joven también necesita de este encuentro personal con la reflexión entre otros jóvenes teniendo como centro la Palabra de vida que es el evangelio, esto es la “Reflexión evangélica domiciliaria”, y hemos constatado que es una gracia y una constancia para reunirse con la Palabra. Por eso los exhortamos a animarse, a salir y reunirse en torno a la Palabra, allí en el domicilio, en la plaza, en la esquina…. 
 Es cierto que es una misión difícil, donde hay muchos excluidos, y a los cuales tenemos que llegar. Excluidos que pueden ser carenciados, no solo materialmente, sino de otras carencias. Por ejemplo, hoy, en el “Día Internacional de la Mujer”, lo celebramos, pero constatamos que en la provincia de Buenos Aires hay 600 denuncias diarias por violencia familiar, y que no hay mecanismos de defensa y protección para la mujer ni siquiera en las llamadas “comisarias de la mujer” (que son tan pocas). 
 Son situaciones sociales que no pueden dejar de inquietarnos, las vemos y por eso debemos pensar: qué estamos formando y para qué, porque la violencia se da en todos los estratos sociales, y nosotros formamos chicas y chicos de todos los estratos sociales. Me pregunto: ¿cuántos de estos chicos que tuvimos en nuestros colegios hoy ejercen la violencia en sus familias? 
 El evangelio es remedio, deja huellas en el alma, es capaz de transformar una vida y esta Buena Noticia de Jesús es una Palabra eficaz. No podemos, entonces, tomarnos a la ligera y tenemos que hacernos cargo de esta propuesta de la Iglesia: hacernos discípulos para la “misión explícita” del el anuncio del evangelio. 
 Que la Virgen de la Paz, mujer por excelencia, nos anime a salir con nuestros adolescentes y jóvenes a los que están más lejos, más solos, más abandonados, mas sordos, más ciegos por los flashes de lo inmediato, que deslumbran pero no alumbran.- 

 Mons. Jorge Lugones SJ, obispo de Lomas de Zamora

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